martes, 17 de julio de 2012

Aquellos inocentes estudiantes out-going. Cap 3.

Capítulo 3: La terrible frontera.

Buenas tardes filósofos, filósofas y muggles (es una broma, aviso a los susceptibles),

Me prometí a mí misma no volver a escribir aquí, ya que soy consciente de que algunos profesores míos leen este blog, PERO ahora mismo necesito desahogarme.
Si antes despotricábamos sobre el Erasmus, ahora nos tiramos de los pelos. He pasado de estudiante out-going preparándose para el in-coming, a encontrarme en el justo límite. Estoy en la frontera exacta, sentada en la línea entre el irse y el llegar, ahora, amigos míos, soy estudiante out-going- in-coming (Morin se sentiría orgulloso de mí).
Después de conseguir organizar todas las asignaturas para que me las convalidaran, encajando créditos como piezas de tetris intercambiables:
Dado el teorema:
Para todo x e y, tal que x sea un crédito en la UGR,  y sea un crédito ECTS en WU, se da el caso que x=y, independientemente de la procedencia de x y de y.
De modo que:
Si tengo 5 asignaturas TRONCALES  españolas de seis créditos, entonces  convalido cada una de ellas por una de  5 ECTS y cada ECTS que me sobra de cada una de ellas lo sumo en una asignatura de 5 ECTS inexistente que convalido por otra troncal de 5 ECTS  austriaca. Y si te quieres coger alguna más como por ejemplo una asignatura llamada juegos del lenguaje de Lewis Carrol en Alicia en el país de las maravillas, la haces y eso lo convalidas por créditos sin denominación que nadie sabe exactamente qué son.
Pero en fin, esta es la parte fácil, vayamos al grano, después del trueque de créditos llega la verdadera odisea.
Acabados los exámenes (los cuales he pasado yendo y viniendo de secretaria de la facultad a la secretaría de relaciones internacionales, de RRIII a Mapfre y de Mapfre al banco y del banco a…) ya en el mes de Julio, de vacaciones, llegaba yo a mi casa después de una tarde de sol y playa y se me ocurre abrir el correo: Documento desde la universidad de Viena que tienen firmar en RRII en Granada notificando que mi nivel de alemán es suficiente para poder dar las clases successfully. Teniendo en cuenta que en la convocatoria se RECOMENDABA nivel A2 de alemán y que el mío en este momento es A1, sentí pánico y terror. Después de levantarme a las 6 de la mañana, coger un autobús a Granada, ir a CLM a recoger mi título A1,  y hacer una cola de 2 horas, resulta que la administrativa de la oficina de relaciones INTERNACIONALES NO SABE INGLÉS, gracias a lo cual mis OBJETIVAS traducciones lograron convencerla de que era apropiado firmar el documento, a lo que ella decide ponerme un sello, mandarme a mi facultad a que me den un código y volver a bajar para que ella firmase.
Cuando parecía que todo estaba solucionado, recibo otro correo desde la universidad de Viena agradeciéndome el que enviara el formulario y recomendándome asistir a un curso intensivo de alemán durante el mes de septiembre. El curso comienza el día 3, así que debería estar allí el día 2. Envío un correo a mi residencia preguntando si podría hacer un cambio en la reserva y cuanto me costaría hacerlo (con la intención de pensármelo durante lo que queda de mes de julio ya que debo confirmar en agosto si quiero o no hacer el curso). A lo que a la hora siguiente responden que se me confirma que ACABAN DE CAMBIAR LA RESERVA para el día 3 porque los fines de semana y festivos no está abierta la recepción. Pasado el periodo de dubitación acerca de si merece o no la pena reducir mis vacaciones de verano, ya que lo han decidido ellos por mí, escribo un correo al curso de deutsch avisando de que llegaría un día tarde, porque en caso contrario el domingo tendría que ir a un hotel.
Al día siguiente recibo un correo de Viena recordándoseme los horarios de apertura de la recepción de la residencia que por lo visto son de 9.00 a 12.00, no existiendo vuelos que lleguen a Viena antes de las 14.25. De modo que independientemente de que llegue el lunes o el domingo el destino me obliga a dormir en un hotel, al menos una noche antes de poder entrar en la residencia, así que ahora mismo acabo de enviar un e-mail a la oficina del curso de alemán avisando de que al final sí llego el día 3, y me dispongo a reservar una habitación de hotel y un vuelo para el día 2 de Septiembre.

Os iré informando de las novedades.
Un saludo,
Cheshire Cat.

martes, 26 de junio de 2012

Una hoja en blanco

          Aquí estamos, una vez más, tú y yo, frente a frente. Titánico coloso al que todos alguna vez nos hemos enfrentado, ignorantes esperanzados en conseguir tan solo atizarle un certero golpe que le haga tambalearse. Esperamos contra las cuerdas, cansados, rendidos ante la imposibilidad de conseguir dañarle lo más mínimo, aunque nos conformamos con pensar que le podremos ocasionar un pasajero rasguño. No tenemos nada que hacer, la batalla está perdida de antemano, y lo sabemos. 

            Sin embargo, ahí seguimos, delante de aquel papel en blanco, con un bolígrafo como única arma y la imaginación como fiel consejera, gran conocedora del peligro inminente. Entonces empiezas. Borras, tachas, piensas que es una tontería, que no tienes nada que decir y contemplas la posibilidad de arrugar el papel, como siempre deseaste hacer con muchos momentos de tu vida, y tirarlo a la papelera. Nunca nada ha sido tan sencillo. Vuelves a empezar. "Venga, seguro que puedes hacerlo, antes lo hacías" te dices, consciente de que te engañas, pues bien sabes que no es momento para escribir. No tienes ganas, no saldrá nada de esa mano que ha perdido el rostro al que acariciar cada noche. "¿Qué es lo que me pasa? ¿Por qué no puedo escribir?". Estas preguntas se van apoderando poco a poco de ti, y todo pierde el sentido, si es que alguna vez lo tuvo.  Entonces, cierras los ojos, te dejas llevar por la música que empieza a sonar en tu cabeza, en un vago intento introspectivo en el que confías encontrar dentro de  ti las respuestas que nunca tuviste, ni tendrás, a las preguntas que siempre te has hecho. Igual, con suerte, te percatas de que todo se reduce a eso, a que las cosas han perdido el sentido. "Pero, si nada tiene sentido, ¿para qué escribir? No merece la pena". Aunque ahí sigues, imperecedero luchador que confía en poder ordenar las cosas dentro de sí,  ciegamente ilusionado en que ello ayude a que las palabras se sitúen, como dormidas, suavemente sobre el papel en blanco. Pero no pasa, y empiezas a cansarte. Cierto aire melancólico, taciturno, se apodera de ti, comienza a correr por tu cuerpo llegando a lugares para ti desconocidos y, ahora sí, te percatas de que es mejor dejarlo, primero debes ordenar ese desordenado baúl que tienes por cabeza.

             Comienza una tarea tan o más difícil que la anterior, necesaria como pocas para que todo comience a ser como realmente quieres que sea, imprescindible para que las palabras vuelvan a fluir entre esos dedos que han recuperado las curvas de un cuerpo en el que perderse. O tal vez no, quizás tus manos necesitaban situar tu cuerpo, situarte a ti dentro del mundo, tener entre ellas el papel que te ha tocado interpretar, sabedoras de que es un guión en blanco que debes ir llenando con esas palabras que nunca te salieron, y estás seguro de que esta vez no será una excepción, cuando te enfrentas a una hoja en blanco.

             Vuelta a empezar.


Gueky

domingo, 17 de junio de 2012

Dicotomía

Esta va de definiciones, no sé si seguiré haciendo cosas parecidas, o si me cansaré de esto (advierto que es lo más probable). Me gustaría decir que mi musa (sí, una de esas tías griegas en bolas, maciza y con ganas de sexo) me ha inspirado en esta entrada, pero he de reconocer que fue Escri (que también tiene su puntillo, pero no es lo mismo). Así que esta va en honor a él y su constante intención (y deseo) de escribir algo así como un manual de filosofía para tontos (sí, sí, sí, los tontos sois vosotros, iros enterando. ¡Qué no vuelva a tener que repetirlo!).

Una dicotomía, como todo estudiante que de filosofía del lenguaje sabrá (esto es un farol, ninguno tenemos ni puta idea de lo que es, de hecho yo acabo de mirarlo en Wikipedia), designa un par de conceptos complementarios (como ya he dicho, es la definición que da la citada "enciclopedia"). Como soy consciente de vuestras dificultades y comprendo que procesar dos palabras como "concepto" y "complementario" dentro de una misma oración os cuesta, lo voy a hacer sencillito (a ver, para el de la última fila, "par" es eso que dices cuando lo echas a suertes y siempre pierdes porque ha salido un 1, 3, 5, 7 o 9, porque no tenemos más dedos en las manos). Vamos al lío (no, ese tipo de líos no, guarrillas). Y vuelvo a las preguntas, es que me gusta repetirme, ya lo sabéis los que me conocéis.

¿Mortadelo o filemón? ("A mí me gusta la que lleva aceitunas", anda y relee lo que acabo de escribir). ¿Bolígrafo azul o negro? ("Yo es que uso el rojo". Bien, veo que tu ceguera no es de tanto masturbarte). ¿Cómo conocí a vuestra madre o The Big Bang Theory? (La historia de mis hijos desperdigados por el mundo ya os la contaré otro día). ¿R2-D2 o C3PO? (Por vosotros, nuestros lectores más freaks). ¿Francés o griego? ("¿No se pueden los dos?" Sí, se pueden, pero no a la vez. Cuestiones de anatomía humana básica. Bipénicos abtenerse). ¿Frege o Russell? (Ésta sí va por vosotros filosofillos del lenguaje). ¿Durex o Control? (Sé que todos preferís no usarlos, pero no entraremos en la polémica). ¿Libro o película? (No intenten contestarlas quienes piensen que "A tres metros sobre el cielo" es literatura).

Y ya está, ahí me quedo con los ejemplos, no me apetece pensar más, que demasiado tiempo he empleado en tratar de explicarlo, aún a sabiendas de que llegados a este punto seguís sin entender algo.

Sin saludos ni mierdas,

Gueky.


viernes, 15 de junio de 2012

Tutorías: teoría y práctica

¡Buenas tardes queridos lectores! Queridos y no tan queridos, se entiende, que a los que no os conozco no creo quereros, aunque, ¿quién sabe? ¿No es el amor la manera de conocer las cosas de manera objetiva y sin prejuicios? Por vuestro bien y por el mío, me dejaré de filosofadas por ahora, que lo que vengo a contaros está más bien dentro del ámbito propiamente universitario. Veamos. Tutorías.Teoría y práctica. Vamos allá.

  ¿Qué es una tutoría?Cuando llegas a la universidad y el primer profesor en la primera presentación de la primera asignatura dice "mi horario de tutorías es de tal a cual hora, estaré en el despacho __" tú te preguntas para qué diablos quieres saber eso, qué te importa a ti saber a qué horas está ese señor en el despacho. Pues bien, querida PetaZeta del pasado, era de vital importancia. Deberías haberlo apuntado. Luego alguien te dice realmente para lo que son: contestar dudas, pedir bibliografía (¿bibliografía?, pensaba yo, ¿no es suficiente con los apuntes? oh, pobre ilusa e inexperta).

 Luego de saber cuál es la utilidad de las tutorías debes proceder a pedir una. Aquí ya se diferencia dos tipos de alumnos:

 -Alumno de tipo A: Sin dudarlo a la primera duda va a la tutoría a preguntar. es su derecho como alumno y la obligación del profesor ayudar a saciar tu sed de conocimiento. Muy bien , alumno de tipo A, aprobarás lógica I y probablemente la II también gracias a esas pequeñas aportaciones, además te conocerán y eso influirá en tu nota de actitud. Chapó.

 -Alumno de tipo B: ¿Pedir una tutoría? ¡Qué horror! ¡Qué vergüenza! ¡Va a pensar que no sé nada! Se reirá de mí, seguro. No, ni de coña la pido. No puedo, no puedo. Muy mal, alumno de tipo B, eso está mal. No sabrán quién eres, no te enterarás de los matices y tendrás que acabar pidiendo consejo y explicaciones a los alumnos de tipo A (desde aquí mi más profundo agradecimiento de los alumnos de tipo A que han tenido que aguantar mis preguntas sobre cuestiones elementales, gracias de verdad).

 A ver, hasta aquí esta es la parte teórica de las tutorías. Te enteras de lo que es, pides una (a veces esta fase se prolonga hasta segundo o tercero de carrera), el profesor te ayuda y todos contentos.

  ¿O no?

Ahora, queridos lectores, comienza la parte práctica. Aquí me centraré más en lo que vienen a ser las tutorías de Filosofía, ya que como es parte práctica mi conocimiento sólo se basa en mi experiencia como alumna de filosofía(parece una perogrullada, pero habrá gente que comprenda este matiz).

Hay algunas cosas que debemos tener en cuenta cuando vamos a pedir una tutoría:

 - Es recomendable mandar antes un correo al profesor o advertirle en clase, ya que no suelen estar en su horario de tutorías. Mil veces ha pasado y pasará que estés esperando ansioso a que llegue justo la hora a la que empiezan sus tutorías y cuando llegues no habrá nadie. Eso es así. De hecho, a veces incluso has quedado con el profesor y no, tampoco está. Los profesores son individuos libres, así es su naturaleza.

 -Tienes que tener claro lo que vas a preguntar o decir, quedarse en blanco siempre será una opción, pero ya depende del humor del profesor lo brusco de su "me estás molestando, dime que pollas quieres ya, que tengo el sudoku a medias".

 Una vez superadas estas dos cuestiones procedamos a meternos en el despacho. Es muy pequeño, puede desde hacer un frío de cojones hasta oler a Pachuli. Normalmente estás incómodo y quieres acabar lo más rápido que puedas. Entonces haces tu pregunta, tu consulta o lo que demonios quieras. Y el profesor empieza a hablar. Y entonces toda tu atención recae en sus objetos personales. Sí, nuestros profesores tienen objetos personales por todo el despacho. Dibujos de sus niños, alguna foto por ahí, cuadros, publicaciones firmadas de colegas, lo que sea te va a llamar más la atención que lo que esté diciendo en ese momento (lo cual, recordemos, era lo que querías consequir yendo allí: esas palabras que estás ignorando). Puede pasar que entre en este momento otro profesor y se pongan a hablar alegremente, contando sus asuntos y sus proyectos mientras tu te esfuerzas por retener cada palabra que sale de sus bocas. Cuando se marche, proseguirá con su explicación y tú proseguirás mirando sus cosas que no deberían importante lo más mínimo.

 Acaba la tutoría, te pregunta "¿Lo llevas ahora más claro?" y tu asientes sin saber muy bien qué te ha explicado, pero con un montón de información nueva sobre las vidas de tus amados y admirados profesores, que, al fin y al cabo (y no sé cómo nos sorprende), son personas.

 Y entonces vas a la cafetería y comienzas: "¿Sabéis que tiene dibujos de sus hijos en el despacho? Es tan mona..."


PetaZeta

La biblioteca. Normas de uso



Antes de ir al asunto, Wikipedia está que arrasa desde que esto está abierto. Igual le pedimos que nos promocione y todo.
Me encantan las últimas entradas sobre todo un poco, pero yo, como soy una persona mucho más estructurada, organizada y responsable (me encanta poner estas cosas en el blog, porque todos aquellos que no me conocéis pensáis que es cierto... y los que no os reís viendo como me tiro el pisto... esto es genial)
Como no sabía muy bien cómo explicaros de qué va estudiar en la biblioteca (chanchanchaaannnn) (eso era música tétrica) (en serio), pero es que es tan... es un problema de campo. Sé que a los filósofos se nos tacha de que estamos en las nubes, de que nunca nos centramos en los problemas del día a día, que los problemas que planteamos no son relevantes, blablabla.... Todo esto lo decís porque no habéis estado estudiando con nosotros. Para nosotros lo que estudiamos representa un antes y un después en nuestra concepción del mundo, de nosotros mismos y de nuestro futuro en la filosofía, como explicaba antes Gueky. Imaginaros cómo nos sientan las bibliotecas.
Seguís vivos porque nos creemos toda esa mierda de los contratos sociales que nos vendió Rousseau, que sino...
Para explicarlo mejor, he decidido poner casos prácticos. Creedme, os sentiréis identificados:

Caso práctico nº1: Imaginaos, por un momento, que habéis subido a la facultad decididos a tener un día productivo. Te levantas a las 6.30 de la mañana porque tus padres son unos enamorados de las afueras y eso, siempre, siempre, siempre, lo pagan los pobres hijos. Llegáis a la facultad, os metéis en la biblioteca (que está vacía, porque a las 8.30 no sube nadie ni que le pagues... porque no tienen unos padres enamorados de las afueras, claro) y comienzas a estudiar "La voluntad en Schopenhauer es un concepto..." Se abre la puerta de la biblioteca, echas la mirada de suricato de turno, porque es inevitable: 3 amiguitas muy arregladas y muy risueñas. MALO. Veréis, cuando uno va a la biblioteca a estudiar, pero a estudiar de verdad, no se arregla, porque te tiras todo el día sentada en una silla que deja de ser cómoda a los 10 minutos y pasando un calor/frío de cojones, por lo que vas comodita porque sabes lo que te espera. Así que, cuando vienen arregladas, malo porque no van a estudiar, y, como sólo estás tú en la biblioteca, no tienen por qué hablar bajo:
"La voluntad en Schopenhauer es un concepto..." 
-Pues ayer me llamó
-¿Y qué te dijo?
-De vernos el jueves, pero tía, es que justo ahora, en exámenes, con lo liada que estoy
"La voluntad en Schopenhauer es un concepto..." 
Vibra el móvil con una fuerza que yo no entiendo qué diferencia hay entre ese gruñido y tenerlo con sonido.
"La voluntad en Schopenhauer es un concepto..." 
-¿Viste ayer "Mujeres y hombres y viceversa"?
-Sí tía, qué fuerte lo de...
"La voluntad en Schopenhauer dice que las puedes matar, para que dejen de sufrir" 

Caso práctico nº2: Mismo sitio, horas (y crispación) más tarde. Otra chica arregladita de estas, pero peor. ¿Peor? Peor. Tacones. Que yo siempre me pregunto: ¿tacones para qué? ¿qué coño vas a hacer en la biblioteca? ¿cambiar las bombillas? ¿bailar tango? ¿ir a dar una conferencia a Oxford? (son de las pocas situaciones en las que pienso que es lógico y normal llevar tacones... bueno, en lo de Oxford es opcional) No, se van a pasar todo el puto día sentadas en una silla, como tú, pero no como tú, porque van a estar haciendo cosas con las piernas que no entiendes, y, lo que es peor (lo que es el puto infierno): van a estar dando vueltas de un lado para otro TODO el rato que tú intentes estar tranquilamente estudiando. Palabra de filósofa.
"La voluntad en Schopenhauer es un concepto..." 
Tiquitiquitiquiti (así suenan los tacones en mi cabeza, os jodéis)
"La voluntad en Schopenhauer es un concepto..." 
- Oh vaya, aquí no está
Tiquitiquitiquiti
"La voluntad en Schopenhauer es un concepto..." 
- Creo que es este libro
Tiquitiquitiquiti
"La voluntad en Schopenhauer es un concepto..." 
- Vaya, pues no, no es
Tiquitiquitiquiti
Y así hasta que piensas en 4 ó 5 formas de hacer que pare (unas cuantas de ellas son actos violentos que tienen como resultado que sus tacones obstruyan algún orificio vital... o todos) y, cuando crees que no puedes más, va y le dice a sus amiguitas:
-Hacemos un descanso ¿no? que nos lo hemos ganado
Sí, chica, ve y pide isotónica, que con todo lo que has andado hoy, le podrías haber dado la vuelta a la ciudad 50 veces.

Y hasta aquí mi resumen de la biblioteca por hoy. Seguiré retransmitiendo todos esos momentos que sacan lo peor de mi en la biblioteca, supongo, o no, porque como ya sabéis soy de estas personas que se organizan y toda esa basura que le gusta a las madres, así que no puedo garantizar nada.

Saludos.
Polilla.

¿Por qué filosofía?

Maldita pregunta. ¡Cuántas veces la habremos escuchado! Al principio molestaba, da un no-sé-qué eso de hacer filosofía, no se puede evitar ese miedo inicial. Pero poco a poco la hemos ido cambiando, hasta convertirla en un ¿por qué no? (esto de hacer preguntas, como habréis ido viendo, es mucho de filósofos, nos gusta hacerlo, pero no acostumbramos a contestarlas. "Pues yo conocí a uno que sí las respondía" Pues ese no era filósofo, era un gilipollas, y tú... tú otro gilipollas. Manía de tocar los cojones). 

Pero bueno, que no iba yo a eso, ya no recuerdo a lo que iba (también muy filosófico). ¡Ah ya! Iba a comentar algo, por eso de que estamos en fechas de exámenes, que suele pasarnos como estudiantes de filosofía (no sé si algún día podré afirmar que soy filósofo). Por raro que os pueda parecer, no somos ermitaños, lo del mito de la caverna no era más que eso, un mito (lo sé, es casi tan "hipermegafuerte" (añádasele la voz de pija para que gane realismo) como aquella vez que Belén Esteban dijo tres palabras seguidas coherentemente), no vivimos aislados de la sociedad (aunque he de reconocer que visto lo visto tampoco estaría del todo mal) y, solo a veces, estudiamos en bibliotecas donde hay más gente estudiando (el que los considere personas es un detalle por mi parte, lo sé, pero es que hoy estoy cordial). Pero es que, ¿cómo vamos a tener ganas de estudiar a vuestro lado si menospreciáis lo que hacemos, o tratamos a duras penas hacer? "No hacéis nada, eso es muy subjetivo", "¡Qué pocos folios, así aprueba cualquiera!". ¿Veis como fui bueno al llamaros solo gilipollas? (Sí, me quedé corto). Intentaría explicarlo, de verdad que lo intentaría si no supiese que es una empresa inútil, que no llegará a buen puerto, que no conseguiréis comprenderlo porque nunca os pasará lo mismo (ojalá me equivoque, y esto sí que va en serio).

Vosotros, malditos papagayos, para quienes vuestras carreras no son más que un camino hacia una meta que en su día os pareció prometedora, vosotros que hacéis del estudio un medio y no un fin en sí mismo (un +10 para quien haya comprendido esto, si vais a conserjería os lo convalidan por créditos de libre), vosotros para quienes los exámenes son verdaderas agonías porque no os gusta una mierda lo que estudiáis, ¿cómo vais a comprender lo que suponen para mí esos "poquitos" folios? Vosotros, acostumbrados a aprender para olvidar, para plasmar en un folio, durante una, dos o tres horas, vuestros "conocimientos" y luego borrarlos a  golpe de alcohol, ¿cómo pretendéis comprender lo que supone vivir con las preguntas, sin respuesta, que se me van planteando día a día, desde primero, en cada uno de esos poquitos folios? Sí, también nosotros estudiamos para pasar el examen, es importante hacerlo, y los contenidos se nos olvidan como a vosotros (mucho menos, está claro, no me voy a rebajar tanto), pero el problema viene cuando aquello que has aprendido, que te has cuestionado, no se quiere separar de ti.

¿Qué haces cuando dejas de estudiar filosofía y pasas a vivir la filosofía? ¿Qué sucede cuando tu vida se convierte en todo aquello que llevas aprendiendo? ¿Cómo impedir que las preguntas se necesiten unas a otras y absorban todos y cada uno de los momentos de tu día? ¿Qué haces cuando no puedes desconectar de lo que estudias, cuando nada cobra coherencia y la pelota, tanto en tu mente como en tu estómago, gana consistencia y tamaño?

Por eso a nosotros no nos importa pasarnos apuntes (sí, los apuntes se pueden pasar sin cobrarlos, sin pedir nada a cambio, ni nada por el estilo, así de locos estamos) y nos ayudamos, intentamos resolvernos las dudas, no mentimos sobre las horas de los exámenes y hasta avisamos si alguien no entregado una práctica para que lo haga rápido y pueda aprobar. Igual sí que estamos locos (seguramente eso os consolaría, pensar que lleváis la razón, como si fuese tan fácil, pero tampoco os voy a pedir más).

Y todo este tostón de palabras que intentan tener coherencia y significado, que la mayoría ni habéis llegado a leer, por eso de que hoy hemos tenido un examen. Sí, también nos importan las notas, a unos más que otros, pero da igual lo que saquemos, seguiremos siendo amigos (joder, la verdad es que sí que somos raros). Aún así, somos capaces de estar en el examen nada más que físicamente, intentando, en los descansos entre nuestros pensamientos personales, nuestras idas y venidas de ideas alocadas y poco recurrentes, escribir algo sobre lo que hemos estado estudiando los últimos días (tampoco nosotros llevamos las cosas al día).

Y el examen no ha acabado, a pesar de que esté entregado el folio, el examen ha pasado a formar parte de nosotros, en un intento inútil, en un esfuerzo que seguramente no tenga una gran recompensa, en un constante ir y venir en el que intentamos hacer de nosotros buenos actores de este teatro que es el mundo (esto es un pequeño regalillo para los que sabéis algo de Schopenhauer y el barroco, ya me entendéis).

Un saludo (aunque no os conozco, ni ganas que tengo),

Gueky.

miércoles, 6 de junio de 2012

Reunión en la cumbre


Querido lector, si sigues este blog y no eres de filosofía, te mereces una entrada, soportar a un filósofo no es fácil. Al principio todo parece normal, después de todo, los filósofos somos personas normales, que vestimos de forma normal (para más información ver entrada de Campanilla), y hacemos cosas normales. Lo que nos diferencia es la forma en la que hacemos esas cosas normales.

Un día en la vida de un filósofo es algo completamente normal:
Se despierta, desayuna, va a la facultad, charla con la gente, da clase, en el intercambio suele ir a cafetería, a la mesa de siempre, a que desayunen los de siempre, que además desayunan lo de siempre, quizás hasta se ponen a hablar de lo de siempre. Por la tarde suelen hacer las cosas que cualquier otra persona haría, pasa apuntes a limpio, ver series, películas, quizás escribir, cenar, el filósofo finalmente se acuesta y espera un nuevo día de lo más normal.

Pero si eres capaz de soportar al filósofo, entonces sabrás que detrás de todas esas acciones casi mecánicas se esconde un mundo realmente complejo (véase E. Morin: El Método ya citado en entradas anteriores).

El filósofo se despierta, sí, pero lo hace teniendo un motivo, AKA impulso vital (para más información ver hashtag  #tengounmotivo), y desayuna, pero lo hace mientras su mente divaga acerca de cualquier cuestión que se le presente a primera hora, si tiene sueño, lo hará sobre que tiene sueño, si tiene trabajos, lo hará sobre esos trabajos, y si está escuchando de fondo las noticias su mente será capaz de aportar ideas y soluciones que realmente merecen ser escuchadas, pero que tristemente apenas tienen cabida en una sociedad como la que vivimos.

Es entonces cuando el filósofo va a la facultad, (psicología, que no se os olvide, ver entrada de Sam para más información), pero para llegar a su clase tiene que pasar ya por un montón de pruebas: en primer lugar, cargar con la soberana cantidad de apuntes y libros que manejamos, las filósofas no nos podemos permitir el lujo de llevar minibolsitos a clase, nosotras llevamos mochilas llenas de libros (cara de Hulk); en segundo lugar tenemos que ir alerta, no vaya a ser que Paco nos encuentre (Paco es un señor que se dedica a mandar a la gente al infierno, no le tiembla la voz al hablar de Satán y del Juicio Final, sería necesaria otra entrada para hablar de él); y por último, y casi lo peor de todo, sobrevivir al microinfarto que te produce encontrarte a alguien con textos en sus manos: ¿QUÉ HABÍA QUE LEERSE? , ¿QUÉ RESUMES?, ¿HAY QUE ENTREGARLO?

Tras recuperarse de ese microinfarto toca dar clase, algo normal en la vida de cualquier persona normal, pero como he dicho antes, a los filósofos nos gusta hacer las cosas de forma especial, y eso no excluye a los profesores, nuestras clases no son como las del resto, en nuestras aulas se esconden los más curiosos seres, desde Indiana Jones hasta Hagrid, pasando por Lara Croft versión “señoras que...”

En cuanto a nuestro tiempo libre, aunque a veces parezca que no tenemos, sabemos como encontrarlo, hacemos cosas de todo tipo, cosas de personas normales, pero de nuevo, a nuestra forma:

EJEMPLO 1: Ver series, esta misma mañana he visto un capítulo de Big Bang Theory cuando de repente, lo han hecho, primera frase: “QUIERO CREAR UN ROBOT AL QUE TRANSFERIR MI CONCIENCIA”. Mi hermana se ríe, pero yo no puedo hacerlo… ¿es realmente POSIBLE?...pero ¿qué tipo de posibilidad?.... ¿QUÉ ES LA CONCIENCIA? ¿Qué tipo de lenguaje manejaría? ¿Cómo sé que tiene conciencia?
Es entonces cuando te ves atrapada por un bucle de preguntas sin respuesta, tu mente se pliega y cuando abres los ojos sólo ves Barroco.

EJEMPLO 2: Salir con amigos. Amigo X dice “¡Eh! Creo que aquí ponen buenas tapas”. El amigo filósofo no va a poder evitarlo, si está de mal humor y con hambre digievoluciona hasta soltar su “¿Pero es creencia justificada y verdadera? Porque si no posees conocimiento yo paso de hacerte caso, ¡infeliz!, aunque por otro lado… ¿una creencia justificada y verdadera supone conocimiento?...¿y si tal profesora tiene un coche que yo creo que es suyo, tengo buenas razones para creerlo pero resulta que es de otro profesor?...¿y si tengo casualmente monedas en mi bolsillo al igual que tu y alguien dice que quien tiene monedas en el bolsillo tiene el trabajo y yo creo que eres tu pero podría ser yo?...¿y si hay un perro que muerde a Pirrón pero tiene la creencia de que no existe? ¿Existe el perro? ¿Qué fue antes el huevo o la gallina? ¿Existen las gallinas?...”
Con suerte tus amigos no te habrán asesinado y tirado a un pozo.

No obstante, lector no-filósofo, los filósofos somos buena gente, en el fondo sabes que el mundo no sería tan divertido sin uno a tu lado, si lo deseas puedes hacer la prueba:

Supón que en cualquier otra parte del universo hay un planeta exactamente como la Tierra en casi todos los aspectos al que nos referimos como “Tierra Gemela”, en ese lugar existe también un gemelo de cada individuo, aunque quizás su composición química fuera algo distinta a la nuestra, pregunta por alguno de nosotros, ¿nos cambiarías por esos gemelos?






NOTA: algunos de mis allegados han contestado a la última pregunta afirmativamente, pero por favor, omitid ese tipo de respuestas, que el blog todavía está empezando y necesitamos promocionarlo, no provocar la respuesta contraria.



Lucía C. G.